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Magdalena empieza a discutir su futuro con números, tierras, infraestructura y proyectos concretos sobre la mesa. La gestión del intendente Lisandro Hourcade avanza en un esquema de planeamiento urbano y territorial que coloca la generación de suelo, el acceso a lotes, el ordenamiento del crecimiento y el desarrollo productivo entre los grandes desafíos de los próximos años.

Gobernar una ciudad no es solamente atender los problemas del día a día. También significa tomar decisiones sobre cómo crecerá dentro de diez, veinte o treinta años. Dónde podrán construirse nuevas viviendas. Qué sectores conservarán su carácter rural. Dónde podrán instalarse industrias. Cómo llegarán los servicios a los nuevos barrios. Qué tierras quedarán en manos municipales. Y, fundamentalmente, cómo evitar que el crecimiento termine transformándose en desorden. Ese es el eje del trabajo de Planeamiento Urbano y Territorial que desarrolla la Municipalidad de Magdalena durante la gestión de Lisandro Hourcade, bajo un concepto que resume buena parte de la estrategia: “ordenar el presente para proyectar el futuro”.

La administración municipal plantea tres grandes ejes de gestión directamente vinculados con el territorio: Parque Industrial, generación de suelo y turismo rural. Esos ejes aparecen sostenidos, a su vez, por obra pública, salud y educación, configurando una planificación que intenta relacionar el crecimiento urbano con servicios y desarrollo económico.

Crecer, pero no crecer de cualquier manera

Magdalena tiene una característica que condiciona toda su planificación futura: mantiene una fuerte identidad rural al mismo tiempo que enfrenta nuevas demandas de vivienda, infraestructura y actividad productiva. La definición adoptada por Planeamiento resulta significativa: “En una ciudad con espíritu rural como Magdalena, planificar es cuidar nuestra identidad mientras crecemos”. Ese concepto permite entender buena parte de las decisiones incluidas en el programa.

La propuesta no consiste simplemente en habilitar más construcciones. El objetivo declarado es definir dónde puede crecer la ciudad, dónde deben preservarse sectores rurales, qué zonas pueden destinarse a producción y de qué manera las nuevas urbanizaciones deben incorporar servicios. Para ello se trabaja sobre la aplicación del Código de Ordenamiento Urbano y Territorial, el ordenamiento del crecimiento, la factibilidad para comercios e industrias y, especialmente, la generación de suelo destinado a vivienda.

Una de las mayores apuestas: generar tierra para que las familias puedan quedarse en Magdalena

La cuestión habitacional aparece entre los ejes más fuertes del programa. La gestión reconoce una dificultad concreta: la escasez de suelo urbano disponible y accesible para muchas familias.

Frente a ese problema, el Municipio empezó a estructurar una política que combina Banco de Tierras, lotes con servicios, urbanizaciones y convenios urbanísticos con propietarios privados. La lógica es intentar que el crecimiento de Magdalena no dependa exclusivamente del mercado inmobiliario. En la presentación de Planeamiento, la generación de suelo urbano es definida como uno de los tres ejes principales de gestión y se la vincula con tres objetivos: ordenar la expansión, facilitar el acceso y garantizar que los nuevos sectores se proyecten junto con Salud, Educación y Obra Pública. Es decir: no solamente abrir tierra. Crear ciudad.

136 lotes dentro del programa municipal

Durante 2026, el Municipio puso en marcha una nueva etapa del programa Lotes con Servicios. Actualmente existen lotes distribuidos en diferentes sectores del distrito, incluyendo desarrollos en Magdalena, Vieytes y Atalaya.

El programa está orientado exclusivamente a vivienda única, familiar y de ocupación permanente. También establece requisitos específicos: residencia mínima en el Partido, no poseer otro inmueble y acreditar determinadas condiciones de ingresos y continuidad laboral. La adjudicación contempla evaluación de antecedentes, período de oposición y mecanismos formales de selección, dentro de una política destinada a generar posibilidades reales de acceso al suelo para familias del distrito. La importancia de este proceso no está solamente en la cantidad inmediata de lotes disponibles. Es el comienzo de una política de generación de suelo mucho más amplia.

Tierra que vuelve a transformarse en infraestructura

Uno de los aspectos más interesantes del modelo planteado por Planeamiento es qué pretende hacerse con los recursos obtenidos por los lotes municipales.

La lógica establece que los fondos generados por la venta de suelo público puedan ser reinvertidos en infraestructura de loteos sociales, construcción de viviendas y adquisición de nuevas tierras destinadas a producir todavía más suelo urbano. Se intenta construir así un mecanismo circular. El Municipio incorpora tierra. La urbaniza. La destina a familias que cumplen determinadas condiciones. Y los recursos generados vuelven al sistema para financiar infraestructura y producir nuevo suelo. De sostenerse en el tiempo, ese circuito permitiría que la política habitacional no termine con una sola tanda de lotes, sino que se transforme en una herramienta permanente de crecimiento.

Cerca de 1.500 lotes: la escala del desafío futuro

Pero los lotes actualmente disponibles representan apenas una parte del esquema territorial que está proyectando Magdalena. El conjunto de urbanizaciones, consorcios, regularizaciones y nuevos desarrollos en estudio permite hablar de una proyección cercana a los 1.500 nuevos lotes.

Esta cifra cambia completamente la dimensión de la política territorial. Porque ya no estamos hablando únicamente de resolver una entrega puntual de tierra. Estamos hablando de planificar potencialmente nuevos sectores urbanos de una escala considerable para un distrito como Magdalena. El impacto proyectado es todavía más significativo cuando se analiza sobre la estructura urbana existente: este proceso representaría aproximadamente un crecimiento del 20% de las partidas urbanas comprendidas en las zonas Z1, Z2, Z3, Z4 y Z5. Se trata de una expansión que obliga a pensar no solamente en parcelas, sino también en calles, servicios, infraestructura, educación, salud, espacios verdes, movilidad y desarrollo productivo. Es decir, nuevamente: no alcanza con generar lotes. Hay que planificar ciudad.

Urbaxa: 174 lotes con infraestructura asociada

El proyecto Urbaxa contempla una subdivisión de 174 lotes. El esquema establece obligaciones para el propietario que incluyen mensura, apertura y tratamiento de calles, obras de escurrimiento y desagües, energía eléctrica, agua potable, eventual red cloacal según factibilidad, forestación y señalización urbana.

Ese punto es fundamental. Durante décadas, numerosos municipios argentinos debieron correr detrás de urbanizaciones ya consolidadas para llevar servicios que no fueron planificados inicialmente. La estrategia que se plantea en Magdalena busca invertir ese orden: primero planificar obligaciones e infraestructura y después permitir el crecimiento.

Risso: 81 nuevas parcelas planificadas

El Loteo Risso incorpora otras 81 parcelas proyectadas sobre una superficie aproximada de 44.775 metros cuadrados. El diseño contempla las superficies destinadas a parcelas, espacios verdes y reservas, mostrando que el esquema busca incorporar los distintos componentes necesarios para una urbanización organizada. No se trata únicamente de dividir una extensión de tierra en parcelas. La planificación territorial supone anticipar cómo va a funcionar ese nuevo sector cuando las familias empiecen efectivamente a vivir allí.

Dicarlo y un desafío histórico de regularización

El programa también incorpora el Loteo Dicarlo, con un proceso de regularización dominial que alcanza 717 lotes. Con una superficie superior a los 215 mil metros cuadrados, representa uno de los componentes de mayor escala dentro del esquema presentado por Planeamiento.

La regularización dominial es uno de esos trabajos municipales que rara vez tiene el impacto visual de una obra terminada, pero que puede cambiar profundamente la situación jurídica y patrimonial de cientos de familias. Ordenar planos, subdivisiones y dominio significa generar seguridad jurídica donde antes podía haber incertidumbre.

Atalaya: casi 200 lotes que pueden acompañar el crecimiento de la localidad

Atalaya ocupa también un lugar importante dentro de esta nueva mirada territorial. La planificación permite proyectar allí la generación de casi 200 nuevos lotes, una cantidad significativa para una localidad que posee características propias y un enorme potencial de crecimiento asociado además con su costa, su actividad turística y su identidad histórica.

La posibilidad de incorporar nuevo suelo urbano en Atalaya abre oportunidades habitacionales, pero también obliga a anticipar servicios e infraestructura. Ese es precisamente el enfoque que intenta instalar la gestión municipal. Que cada nueva urbanización nazca con planificación. Que el crecimiento no termine convirtiéndose después en un problema para los propios vecinos. Y que Atalaya pueda desarrollarse sin perder aquello que la diferencia dentro del Partido.

Bartolomé Bavio: otros 120 lotes para acompañar una localidad en crecimiento

La planificación incorpora además la posibilidad de generar aproximadamente 120 nuevos lotes en Bartolomé Bavio.

Bavio constituye uno de los centros urbanos más importantes del distrito por su actividad comercial, social, educativa y productiva. Incorporar nuevo suelo significa ampliar las posibilidades para que más familias puedan proyectar su futuro dentro de la localidad. Pero nuevamente el desafío es hacerlo de manera ordenada. Un nuevo barrio necesita más que parcelas. Necesita accesibilidad. Servicios. Infraestructura. Espacios públicos. Planificación. La proyección de estos 120 nuevos lotes forma parte de esa mirada territorial que busca que el desarrollo de Magdalena no quede concentrado exclusivamente en la ciudad cabecera.

Una expansión que abarca al conjunto del Partido

Cuando se observan en conjunto Urbaxa, Risso, Dicarlo, Atalaya, Bartolomé Bavio y los restantes desarrollos y áreas en gestión, comienza a aparecer con claridad la dimensión del proceso. La proyección ronda los 1.500 nuevos lotes. No son 1.500 parcelas aisladas. Representan potencialmente nuevas familias, nuevos hogares y nuevos sectores urbanos. Y representan, según las estimaciones de Planeamiento, aproximadamente un 20% de crecimiento respecto de las partidas urbanas existentes en las zonas Z1, Z2, Z3, Z4 y Z5. Ese número permite comprender por qué la generación de suelo se convirtió en uno de los principales ejes de la gestión. Se está proyectando una modificación relevante del mapa urbano de Magdalena.

Una directiva política: transformar una demanda histórica en política de largo plazo

El documento de Planeamiento deja además una definición atribuida directamente al intendente Lisandro Hourcade: “Transformar la demanda histórica de vivienda en políticas a mediano y largo plazo”. La frase sintetiza quizás el punto más relevante de todo el programa.

La vivienda no se presenta únicamente como una emergencia que debe resolverse caso por caso. Se intenta construir un sistema. El Área Legal y la Secretaría de Gobierno trabajan sobre regularización y cuestiones administrativas. Planeamiento busca macizos aptos para subdividir y utiliza herramientas previstas por la legislación provincial de hábitat. Y el Municipio intenta consolidar su Banco de Tierras. El objetivo final es aumentar el patrimonio público de suelo y contar con herramientas propias para intervenir en una problemática que afecta especialmente a las generaciones más jóvenes.

Del Banco de Tierras al hábitat evolutivo

El proyecto va todavía más lejos. La presentación incorpora el concepto de hábitat evolutivo. La idea consiste en estudiar una línea municipal de módulos de vivienda industrializada, diseñados para permitir una construcción inicial básica y futuras ampliaciones ordenadas.

El concepto plantea que una familia pueda recibir un lote con servicios junto con un módulo inicial seguro —con núcleo sanitario, cocina y espacio habitable— acompañado por un proyecto arquitectónico preparado para crecer posteriormente. Es importante distinguir esta iniciativa de los lotes actualmente disponibles: el hábitat evolutivo figura como parte de la planificación y desarrollo futuro, no como un programa masivo ya ejecutado. Pero revela hacia dónde apunta el esquema. No solamente entregar tierra. Intentar reducir también la barrera económica de comenzar una vivienda.

Un “sistema circular” de hábitat

Una de las ideas más importantes del programa es el denominado Sistema Municipal de Hábitat y Desarrollo Circular.

El esquema propone tres etapas. Primero, captar suelo, mediante convenios urbanísticos y Banco de Tierras. Segundo, producir infraestructura y soluciones habitacionales, incluyendo el proyecto de una planta municipal de hormigón y módulos de hábitat. Y tercero, cuidar el ambiente, incorporando forestación y un eventual fortalecimiento del vivero municipal. El concepto puede resumirse en cuatro palabras: Planificar. Producir. Forestar. Crecer. No se trata de crecer por crecer. Se propone hacerlo con una estructura previa.

Producción y Parque Industrial

La planificación territorial no termina en la vivienda. Otro de los ejes centrales es el Parque Industrial. La función de Planeamiento consiste en delimitar y habilitar zonas destinadas a actividad industrial, otorgando previsibilidad a potenciales inversiones y evitando incompatibilidades entre usos residenciales, rurales y productivos.

Para un distrito que pretende generar trabajo local, disponer de suelo correctamente zonificado para producción puede transformarse en una herramienta estratégica. Una empresa que analiza instalarse en una localidad necesita saber qué puede construir, dónde, bajo qué condiciones y con qué servicios. El ordenamiento territorial también es política productiva.

Proteger la identidad rural mientras la ciudad crece

El tercer eje territorial se relaciona con el turismo y la protección del suelo rural.

Magdalena posee un enorme activo que ninguna planificación debería destruir: su identidad. Campo, producción, pueblos, paisaje, patrimonio y tranquilidad forman parte del valor del distrito. Por eso el programa plantea ordenar la zona complementaria y proteger el suelo rural al mismo tiempo que se habilitan sectores destinados al crecimiento urbano. Crecer y preservar dejan así de aparecer como objetivos contradictorios. El desafío es hacer ambas cosas simultáneamente.

Planeamiento como política silenciosa pero decisiva

Muchas veces, las políticas públicas más importantes no son las que producen una fotografía inmediata. Un plano de subdivisión no tiene el impacto visual de una calle recién pavimentada. Un convenio urbanístico no se inaugura. Un banco de tierras no corta cintas. Pero detrás de cada nuevo barrio futuro hay años de mensuras, expedientes, ordenanzas, servicios, estudios hidráulicos, cesiones, infraestructura y decisiones sobre uso del suelo. Magdalena está intentando anticiparse a ese proceso. Y eso constituye una diferencia importante. Porque cuando una ciudad primero crece y después intenta ordenarse, corregir los problemas suele resultar muchísimo más costoso.

Una gestión que empieza a discutir la Magdalena de las próximas décadas

La administración encabezada por Lisandro Hourcade tiene por delante el desafío más importante: convertir los proyectos y expedientes actualmente en gestión en resultados concretos y sostener en el tiempo las políticas ya iniciadas. Hay lotes actualmente incorporados al programa municipal. Hay procedimientos administrativos en marcha. Hay desarrollos urbanísticos y regularizaciones. Hay casi 200 lotes proyectados para Atalaya. Hay aproximadamente 120 nuevos lotes previstos para Bartolomé Bavio. Y el conjunto de los desarrollos permite proyectar una expansión cercana a los 1.500 lotes, equivalente aproximadamente a un 20% de crecimiento de las partidas urbanas de las zonas Z1, Z2, Z3, Z4 y Z5. Hay además proyectos de infraestructura, hábitat, forestación y desarrollo productivo que deberán recorrer diferentes etapas antes de materializarse completamente. Lo significativo es que existe una hoja de ruta. Y esa hoja de ruta intenta responder una pregunta que Magdalena inevitablemente deberá enfrentar: ¿Cómo quiere crecer? La respuesta planteada por la actual gestión combina suelo urbano, vivienda, infraestructura, producción, preservación rural y planificación. No promete que el problema habitacional pueda solucionarse de un día para otro. Propone algo probablemente más complejo: construir herramientas para resolverlo durante años.

Ordenar el presente para proyectar el futuro

El título elegido para el programa de Planeamiento resume todo el enfoque.

Ordenar el presente para proyectar el futuro

. Magdalena tiene la posibilidad de crecer. El desafío consiste en que ese crecimiento genere oportunidades en lugar de problemas. Que las familias puedan acceder a tierra. Que los nuevos barrios tengan servicios. Que Bavio pueda seguir creciendo. Que Atalaya encuentre nuevas oportunidades de desarrollo. Que la industria encuentre sectores adecuados para instalarse. Que el campo mantenga su identidad. Que el patrimonio se preserve. Y que el Municipio tenga herramientas para conducir ese proceso en lugar de limitarse a observarlo. La gestión de Lisandro Hourcade puso estas cuestiones dentro de la agenda municipal y comenzó a desarrollar instrumentos concretos —Banco de Tierras, Lotes con Servicios, convenios urbanísticos, regularización dominial y planificación de nuevas urbanizaciones— para intervenir sobre uno de los temas más estructurales del futuro de Magdalena. La proyección de cerca de 1.500 nuevos lotes y un crecimiento urbano estimado en torno al 20% permite dimensionar la magnitud de aquello que se está planificando. Los próximos años mostrarán cuánto de esa planificación consigue materializarse. Pero la discusión ya cambió. Magdalena no solamente está pensando dónde construir mañana. Está empezando a decidir qué tipo de distrito quiere ser en las próximas décadas.

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